Saturday, January 1, 2011

Frankfurt am Main or Rhein-Main-Flughafen - Los teutones

Me gusta pasar por Alemania. Me caen bien esta raza. No entiendo nada de alemán y lo único que puedo escribir, decir, y entender es Ich bin que en porteño significa, Sho soy y en mesicuarro Yo y miguelito. Se sabia entre viajeros y tanto emigrantes que los alemanes eran muy fríos y soberbios; esto a mi me había dejado de intrigar desde que categoricé a la gente común y corriente como borregos, y más a estos güeyes tatara-nietos de Kant quien introdujo la sistematización de ideas y del pensamiento moderno. Én tout cas, yo era mas mamon y seguía los principios del “tu chinga tu madre” así que en lo personal podían ser mudos pues no tenia interés por conocerlos tampoco. Si me hayase en las calles de una ciudad alemana comeria en un restaurante turco o italiano porque yo no le entro a las salchichas. Solamente les pedía que siguieran fabricando el Volkswagen, y por supuesto, siguieran innovando el GTi. Además como querían que les aceptase como “gente shingona” si cobraban 8 euros per un hour para conectarse al WiFi además de no facilitar al viajero con electrical outlets para recargar sus electrónicos, ¡qué no mamen pues!

Frankfurt am Main or Rhein-Main-Flughafen – Por aqui ya habia pasado antes - Segafredo

Baje del avión sin prisas. Tenía 10 horas para hacerme güey o buscar la fuente de la juventud. Sin embargo terminaría reencontrándome con unos de mis viejos fantasmas. Me consideraba un hombre de experiencias, siempre dispuesto a tener altos riesgos emocionales, me exigía vivir una serie de eventos dignos de ser contados si deseaba seguir con el trámite de la vida borregüil por eso no recordaba mucho de mi pasado –igual podría hacerme pendejo ¿verda?. Mi vida siempre cambiaba, dejaba la piel en todo lo que hacía, destruía, buscaba y re-construía… Por eso me llevaría casi dos horas recordar que por aquí ya había pasado antes. ¡Cual fue mi tristeza recordar tan mísero evento! Tragedia, desolación, angustia… Era épocas del sexto año olímpico cuando en este aeropuerto pude encontrar el infinito del cielo para huir lejos de Viola. ¡Jesus Maria y Jose...! Escribo y recuerdo. Recuerdo y me lamento.

Me senté en un café Segafredo (un Starbucks italiano pues), ordene un doppio espresso, un muffin de chocolate y una agua espumante –cortesía de la casa ¡a wefo! Me tire varios suspiros para sacar el anciano recuerdo, hacer paz con los fantasmas del pasado y mirar hacia enfrente. Había cosas más importantes de que preocuparse cual eran buscar una conexión WiFi y donde cargar mis electrónicos.

El viaje en el vuelo LH457 – Aerolineas Europeanenses de Capital Variable y Sociedad Anónima

Bueno… bueno… no se… Yo el viajero que viajaba con Frequent Flyer boleto de avión, el pelotudo de mierda que tenía el negocio en crisis, el gato exiliado, y que debía estar sometido al Der Vorgang (véase diario Der Vorgang) aquí estaba situado en pleno viaje tomando tinto escribiendo a full este relato de viaje y encima comiendo un Salmon en arroz y espinacas. Además no me daba abasto con la sonrisa de la aeromoza teutona (de Alemania pues) que pasaba con botella de 3 litros de vino. Ni como hacer uso de mi fake German, la bicha me hablaba en inglés. ¿Would you like more wine? Y pues yo ni le decía nada solo sonreía y tocaba el vaso semi-vacio con mi dedo índice y chorréese tinto. Ahhh Dionisio me cae que eres la neta. Apremiaba a la stewarship con mi mirada y una torcidita de labios, sus ojos y sonrisa era su “you’re welcome” y pues me decía a mi mismo viva sho shingadamauder. Tan fácil que es comunicarse con las mujeres, ¡por dioos!

¡Y chequen el dato! Después de la comida las aeromozas avanzaron de fila en fila ofreciendo digestivos. Yo nada pendejo pedí un cognac straight. Ya estas alturas del viaje la tarjeta de crédito jamás seria requerida. Las gracias de la divina providencia, que buen pedo hasta el booz me salió gratis. Parecía mentira que seis años acumulando kilómetros estaban consolidándose en el vuelo de Lufthansa 457. ¡Qué fantástico evento!

El viaje en el vuelo LH457 – Peleas de codos

Siempre hay un trade-off en las decisiones que hacemos, y más siendo mi caso. Mi ultra lujoso asiento 30-i resulto estar situado detrás de una división, así que era reclinable. ¡A diantres! Claro que el pendejo sentado adelante si pudo y cuando decidió tomar la siesta casi destruye a la Chiquita (mi little bullshit computer pues). Mi experiencia en CopaAirlines me ayudo a solventar la situación y dije bueno… eso me pasa por pendejo. Y ni tan pendejo porque el tipo que tenía mi asiento (30-j) desesperado ojeaba las magazines de Duty Free Shopping porque suo Bicha dormía a pulmón abierto cansada de su acoso sexual. ¡Decadencia di macho totalmente! Y bueno además del problema de mi in—reclinable asiento tenía que lidiar con los codos de una niña retardada mental. Claro que después de analizar bien el conflicto de nuestros codos comprendí que la pendeja no era retardada mental sino una niña que estaba entrando a la pubertad. Daba el ancho de jovencita quinceañera, pero ya a las 33 millas de altura la pendeja se entretenía con el Nintendo DS. Juro que pensaba que era una retardada mental porque por mas que empujaba su codo fuera de la area de mi asiento 30-i, lo mantenía firme y no había como hacerle entender que se estaba pasando de lanza… la neta ¡shiale!

Cuando comió su comida especial, porque vegetariana salió, prácticamente me saca las muelas con sus codos. Fue ahí donde comprendi que no era retardada mental sino una chavita de 14 años que no tenia concepto del espacio propio. Le di shampu, pero tuve que empujarla para hiciera mejor de su espacio personal y no del mio. El padre ni se entero, porque la guerra de nuestros codos era a base psychological warfare.

Thursday, December 30, 2010

En el vuelo LH457 – Comodidades del Viaje

Como era un pasajero que viajaba gratis no pude escoger mis asientos, así que me toco esperar un mes entero para intentar cambiarlos. El vuelo de LAX a Frankfurt me colocaba en la fila 30: asiento J, que en términos de Boeing 747-400 Lufthansaenses me tocaba en medio de la tercera fila de asientos. Muchos años tirándomela de insaciable viajero me habían enseñado que sentarse en medio podía convertirse en una situación claustrofóbica que podía evitarse si se hacían las diligencias adecuadas durante la compra del pasaje o bien a 24 horas antes del viaje vía el Web Check-In.  Sin embargo, mi condición de pasajero de a gratis me ponía en desventaja y por eso tuve que conformarme con el asiento 30J. Ni modo pensé… Al menos podía enriquecer mi libro de anécdotas de naco. Bueno que más sacarle provecho a la tragedia. Resignado encontré mi asiento, lo prepare para viajar cómodo ya que esto que los aviones súper jumbos 747-400 eran grandes era en tamaño no en espacio. Tenia entonces preparado mi súper exclusivo y ultra cómodo asiento 30J “economy class” cuando un tipo me pregunto si la mujer sentada en la ventanilla y yo viajábamos juntos. Yo dije No con autoridad. NO me chinguen yo en libertad total y estos tíos insinuando que viajaba acompañado. Dada es la conspiración del universo (y mi caraja suerte shingaou) que el tipo solo quería canjear mi asiento con el de su Bicha para viajar juntos. Dado el hecho que este viaje es de canjeo (exchange pues) acepte, y así mi asiento paso a ser el 30-I. Asiento con pasillo incluido, acceso inmediato a las teutónicas aeromozas y con espacio suficiente para relatar las hazañas de este su humilde viaje.  Yeah right!

En el vuelo LH457 – Primera confirmación de que si soy un pasajero

Acá estaba sentado en la fila 30. Catafixie mi asiento 30J por el 30I, “I” de Ivnh pero mejor aun me tocaba el pasillo y tenia la libertad de mover mis codos con comodidad mejor todavía tendría la oportunidad de escribir mi blog, este que estais leyendo wevon!

Hasta ahora las frequent flyer kilometers funcionaban, conseguido el billete de avión el viaje estaba hecho salvo el avión no se callera y todos muriéramos. He cultivado mi conocimiento con los buenos libros, clásicos de la literatura, amistades con poetas, y enemistades con intelectuales de cafetería, pero debo confesar que me muevo a veces por el mundo como un vil ignorante.  ¡Esto que llaman los gringos tan sutilmente  como el “benefit of the doubt”, pues!  Digamos que hay una inocencia de niño entre medio. Una necesidad de no saber más de lo debido para no estropearía el factor sorpresa. Por esta misma razón no sabía bien el canjeo de kilómetros por billetes de avión funcionaria. Por eso cuando me ofrecieron el snack de rigor y que beber, tuve la sospecha que era igual que los demás pasajeros. Me atreví a pedir mi acostumbrado vino tinto listo con tarjeta de crédito para no despejar dudas de que era un pasajero con billete de avión gratis. ¡Tan pendejo a veces llego ser, I swear! Para mi sorpresa mi pedido encontró una sonrisa de la aeromoza teutona (alemana pues) ¡y voila cabron! un vasito de plástico con la sangre de los dioses del Olympio en frente de moi, myself y toda la bola de monstruos que viajan de a gratis conmigo. Mi puño izquierdo sudaba la tarjeta de crédito, la guarde y bebí y me dije a mi mismo con una sonrisa de pillos, ¡salucita hijos del mais!

Wednesday, December 29, 2010

El retorno a LAX


Había llegado el momento de regresar a LAX. Estaba acá otra vez sentado tirándome una cerveza bien fría. Lo volví hacer. No me importa mucho. Soy un monosílabo. Cuando trato explicar mi necesidad de viajar. Simplemente siento esa urgencia y me aviento. A veces pienso que mis viaje un intento en vano para morir de la mejor manera posible. El sentirse dentro del aeropuerto, adentrarse dentro de la oruga, encontrar la puerta del avión abierta de par en par, las sonrisas de bienvenida, buscar el asiento 30-J, guardar el equipaje de mano, y colocarse los headphone Bose Qc-15. Y cuando todos estuviesen sentados, el take off y volver a sentir la ingravidez del sueño Stereo. El retorno al cielo; volver a mirar todo chiquito, dejar todo atrás. Salir por la misma puerta del avión y encontrarse con algo nuevo. Magico los vuelos intercontinentales. La rutina se podía vencer bastaban diez minutos de ansiedad, el travel bug… consultar el saldo de mi cuenta de Frequent Flyer, hacer un par de llamadas, esperar pacientemente, explorar variantes siempre tener la actitud del let’s do it”. Apuntar el número de confirmación del vuelo, guardarse el secreto y alimentar la emoción de poder largarse una vez mas. A estas alturas ya no hacia mis sueños realidad simplemente hacia uso de mi perspicacia, insensatez y por supuesto de mis kilómetros de mi cuenta de Frequent Flyer.


Mi regreso a LAX era por tres razones y una cuarta razón que debía encontrar con mi encuentro con la Darling. Mítica Bicha de malditas y devoradoras tendencias, a quien consideraba una de las más fieles desatinadas. Ser bipolar, insensato pero benévolo, con quien solia viajar a lugares y con quien siempre encontraba algo que no debía haber encontrado.

Acá estaba en el LAX esperando el vuelo LH457 con destinación el aeropuerto de Frankfurt, Germany… no Connecticut si serás wevon!

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